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Neuro-educación: El drama de los estudiantes sin resiliencia

Neuro-educación:
El drama de los estudiantes sin resilencia

Soy profesor universitario hace casi nueve años, entre posgrados y licenciaturas he conocido cientos de estudiantes en el camino, psicólogos, pedagogos, Ingenieros, internacionalistas, muchos han pasado por mi aula durante esta última década en la docencia. Cada año la conducta de mis estudiantes ha cambiado más y más, un fenómeno esperado para quienes hemos estado observando los enormes desafíos que la educación en México posee.

Soy alumno de una última gran generación de mi Alma Mater, donde cada profesor provenía de universidades de alto prestigio como la UNAM, el IPN, el ITESO, o de la antigua versión de la Universidad La Concordia, antes de su transición al grupo al que pertenece actualmente. Muchos, provenían de una escuela donde la tolerancia en el aula no era el deseo más grande, porque todos realmente convivían con la intolerancia en una paradoja tolerante.

Al iniciar mis primeras clases en una generación compuesta por una enorme diversidad de estudiantes venidos de diferentes culturas, países y sociedades, la resiliencia era necesaria para enfrentar la división de opiniones que aparecían a diario dentro de nuestro grupo.

El protocolo exigía que cada uno pudiera descifrar el misterio de su propia fuerza, para poder enfrentar en la vida, lo que estábamos descubriendo dentro de clase. Y así fue, algunos tuvieron más devoción a la profesión, y otros decidieron emprender su carrera en áreas totalmente diversas a la psicología, y se volvieron incluso más fuertes. Pero, ¿cómo pueden once años y cuatro generaciones después, cambiar tanto a un grupo de estudiantes, al grado de vivir una realidad que pareciera totalmente opuesta a la que este profesor experimentó en la segunda década del milenio?

La respuesta está en la capacidad de llegar a la Educación superior sin filtros, análisis de la conducta, ni la capacidad de echar atrás el entusiasmo que no siempre alcanza para volverse profesional de la salud mental.

Y sí, en el México en el que vivimos, donde muchos estudiantes llegan a la Universidad sin haber experimentado antes la posibilidad de no ser promovidos, porque en el momento de su evaluación no contaban con las herramientas para su promoción, los educandos se han vuelto intolerantes. Frustración viene de la voz latina Frustratio, “engañar, o decepcionar”, pero es justo la palabra misma de forma inversa, la respuesta a nuestra realidad: si a cada estudiante se le “engaña” y no se le decepciona a tiempo, ¿Cómo podría siquiera considerar la posibilidad de crear neuroplasticidad, con el único objetivo de procurar nuevos recursos para la resolución de sus problemas? El intento es en vano.

Cientos y cientos de estudiantes, desertan de su profesión, impulsados por la liviana carga que representa para ellos los modelos de aprendizaje plagados de miedo, nada motiva, todo es inmensamente relativo. El docente que pretende empujar su frustración, se ve descalificado, quien pretende estandarizar los programas de educación hacia una formalización más sólida, se ve frustrado porque las instituciones educativas se han vuelto un negocio, y todo esfuerzo es descalificado por realidades más simples de breve alcance y mayor recompensa.

La educación en México no forma desafíos en el cerebro, crea enormes zonas de confort. El modelo educativo, al igual que una película de Guillermo del Toro, ha tomado la forma más surrealista posible: somos resultado de la necesidad de los estudiantes, no ellos quienes elaboran las estrategias con base en la necesidad de la experiencia del docente.

Neurotransmisores en caída

Los Neurotransmisores representan uno de los campos de estadio más valorados en las Neurociencias, desde los brillantes aportes de Santiago Ramón y Cajal, hasta los aportes más profundos de Fuster, o de Orlandini en el estudio de las relaciones, estos magníficos derrames químicos en el cerebro, han definido profundamente las conductas de los seres humanos a lo largo del tiempo. La oxitocina, conocida mundialmente por su relación con la creación de vínculos, es vital para la creación de buenas relaciones dentro del aula, especialmente profesor-estudiante. Pero ¿Qué ha pasado en los últimos años con respecto a su funcionamiento dentro de la educación?, ¿Por qué hoy sólo aquellos docentes que presenta “bienestar” para el alumno, son valorados como parte del sistema de bienestar? Podría ser que, otros procesos químicos en el cuerpo se presenten como causales de estas nuevas consideraciones sociales. El cortisol, resulta de la producción de un glucocorticoide en las glándulas suprarrenales, jugando un papel de suma importancia en los niveles de estrés en el cuerpo. Pero, es casi un definitorio total del estado de ánimo de los estudiantes, en lugar de comprender con mayor detalle, la importancia de otros estados químicos del bienestar. Hoy, la clase que no innova, “no sirve”, pero ¿A dónde va la construcción de cientos y cientos de años de esfuerzos por formalizar el aula, que sucumben frente a dos, o tres décadas de tecnología? La nueva ecuación es: “La medida del buen profesor, radica en la buena evaluación de los estudiantes”.

Otro factor que favorece esta presencia de estresores, es la exigencia indiscriminada de bienestar de una crianza que se extiende por los progenitores, muy atrás ha quedado la época en la que la Universidad se caracterizaba por la independencia de los estudiantes, sus años de fortalecimiento a la vida terminaba por madurar en las aulas, y se independizaron en el  entorno educativo. Pero, hoy se vive en un “terrosimo” silencioso cargado de deseos de bienestar, venido de los cientos de padres que siguen involucrados y activamente resolviendo las dificultades de sus hijos incluso en los niveles más altos de educación, incluidos los posgrados. Nuevamente una imagen de marcado contraste con los estudiantes de Licenciatura que lucharon en las calles de la Ciudad de México en el 68, o de aquellos que desentrañaron el comunismo, cuestionaron a Kant, y pensaron la revolución y caída del muro de Berlín en las Universidades Polacas y Alemanas de los 50 ́s. ¿Qué le ha pasado a la tolerancia social de nuestros estudiantes, cuyos miedos hoy están asociados a situaciones sorprendentes como no tener tiempo para ver Netflix, o grabar TikToks para su canal? La resiliencia ha eclipsado frente a la epidemia del Wellnes y del social media, siempre tan ansiosas de manejar el futuro, en apenas con unos clicks de nuestro presente.

La Dra. Shefali Tsabary, famosa por sus aportes sobre crianza en Asia y Estados Unidos, postula muy bien esta centralidad de infancias cargadas de múltiple bienestar a nivel cerebral, padres que por el sólo hecho de no tener que esforzarse por resolver las frustraciones de los educandos, tienen el cometido de crear sensaciones bienestar y éxito en sus hijos, la mayoría del tiempo. Nada más cierto en la realidad universitaria que tenemos en nuestra actualidad. ¿Hasta dónde soportará el sistema Mexicano, o cuántas generaciones pasarán antes de que Chat GTP, o Aithor, se vuelvan los docentes más amables a los que se puede acceder en la comodidad de un instante, y cuya “aceptación incondicional” del consultante, radica en la complejísima elaboración de algoritmos, capaces de volverse casi humanos en empatía? Sólo el tiempo lo dirá.

Desafíos y retos de la Educación de 2025 y más allá

Todo lo que conocemos en la educación ha cambiado, incluido el método de enseñanza, los instrumentos para el aula, y la diversa forma de abordar la delicada frontera entre la educación conductual, y la llamada “nueva escuela mexicana”.

Nosotros también hemos cambiando al leer este texto, mientras el lector se adentra en estas letras, quizá un cúmulo de emociones surgen: identidad, frustración, miedo, indiferencia, todo es válido cuando aprendemos a sentir y a educar. Lo que deja de validarse, es que la educación sea a medias tintas, este es el panorama más caótico en el que México se inserta: la realidad de nuestros jóvenes, y de los que ya estamos por no serlo, es que la educación es una fuga por la que también de vierten los avances sociales, una educación a medias, sin desafíos para quienes la enfrentan, conduce inequívocamente al desenlace más deseado por los llamados “transformadores” de la nación: un pueblo que ignora, es un pueblo que se estanca.

Hago en estas letras un llamado a la rebeldía educativa: queridos estudiantes, no se conformen con lo dicho en el aula, vayan a lo profundo de la información, debatan a sus profesores, cuestionen los sistemas, exijan las mejoras, y cuando todo esté completo, entonces comiencen a enseñar, queda en nuestras manos, el futuro de la ciencia y de la neuro educación: sentir en bienestar, también es pasar por el drama de los cambios, las transformaciones, y los re aprendizajes, que siempre exigen un compromiso permanente y cargado de frustración, para así, en el momento menos esperado, volvernos profundamente resilientes. Que la educación, y la salud mental, sean para todos.

MSC. Carlos Alberto Zamarripa
Profesor de Posgrado, Universidad Aurora, México.
Warsawa, Polonia.

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